Estaba leyendo esta entrada del blog Anécdotas de un técnico y, la verdad, me he sorprendido bastante. En el post el autor comenta que últimamente está recibiendo peticiones de hojas de reclamaciones por parte de los clientes por la más mínima tontería, como por ejemplo por haber abierto un día 5 minutos tarde. También destaca que en los últimos 6 meses le han entrado más de estas hojas que en 5 años.
En nuestro caso, visto lo visto, podemos darnos por contentos: en 7 años de estar cara al público NUNCA se nos ha pedido ninguna. Imagino que nuestra política (equivocada, y a la que le queda poco tiempo de vida) de “todo por y para el cliente” habrá ayudado mucho, además de que el hecho de estar en un pueblo también produce una mucho menor circulación de gente que una tienda de capital.
Pero sí que he notado que muchos de nuestros apreciadísimos compradores se están convirtiendo en mini-abogados: asimilan derechos que no les corresponden y nos imputan obligaciones que no están en ningún texto legal. Sin duda se lleva la palma el tema de las garantías y devoluciones. Es lo que yo denomino “el efecto OCU“. Quede plasmado de antemano que además de vendedor soy también comprador, y como adquiridor de productos aprecio mucho que se mejoren los derechos de los consumidores. Pero quizá estamos llegando a un punto de excesiva manipulación informativa.
LA REFLEXIÓN
Hoy en día es difícil encontrar un telediario en el que no salga el típico representante de la OCU o FACUA explicando la estafa de moda. Yo mismo soy socio de la OCU y recibo periódicamente sus revistas. Y aunque la información es poder y me parece perfecto que se instruya a los consumidores sobre sus derechos no hemos de olvidar NUNCA que estas asociaciones no viven del aire y que no dejan de ser asociaciones privadas que no pertenecen a la Administración del Estado (lo cual no quiere decir que no tengan representación ante éste y que no reciban subvenciones estatales). Desde mi humilde punto de vista no dejan de asemejarse a una empresa, con sus directivos y trabajadores que todos los meses deben recibir su sueldo.
Siguiendo con la lógica toda empresa vive de sus clientes y de vender sus servicios o
productos, y en el caso de estas asociaciones el dinero entra de 2 maneras principalmente: subvenciones y socios. No podemos obviar tampoco que ofrecen otros productos: libros, tarjetas de crédito (las cuales no dudan en recomendar cada dos por tres), seguros acordados con diferentes entidades… según ellos tanto las tarjetas como los seguros tienen las cláusulas revisadas por sus abogados y por tanto son de lo mejor que puede haber para el consumidor, pero curiosamente nunca he visto un artículo donde se explique claramente qué comisiones se lleva la asociación por cada socio que contrata.
Hay productos de necesidad básica (alimentos) y productos de necesidad inducida (por ejemplo gadgets tecnológicos, hago notar que este concepto es de cosecha propia y no sé si será muy correcto). La notoriedad que se les está dando en todos los medios es un márketing brutal y, encima, gratuito: el sueño de todo empresario que comercie con productos de inducción. El hecho de que estas organizaciones adquieran protagonismo en los medios de difusión públicos y privados consigue un efecto “atemorizador” que, siempre desde mi punto de vista, hace que sus cuotas de afiliados crezcan exponencialmente. El miedo vende y convence.
No hay más que leer las revistas que publican para notar ese tono de supremacía total del consumidor sobre el vendedor (lo cual no deja de tener su lógica pues su target objetivo es el cliente final y hay que hacerle creer que es el rey del universo). También suelen aparecer muchos casos de socios que, gracias a la ayuda de la asociación, han conseguido satisfacer sus reclamaciones: te hacen creer que como tengas un problema con la lavadora y el vendedor de la misma no atienda a razones, ellos estarán ahí para apoyarte. Pues bien, hace unos años tuve un problema grave con un vehículo que adquirí (salió defectuoso) y os puedo asegurar que ellos no hicieron más que remitirme a lo clásico: hojas de reclamaciones, quejas ante organismo de consumo oficiales, etc. Al final conseguí mis objetivos (me cambiaron el coche), pero tuve que currármelo yo solito y sudar sangre. En ningún momento me ofrecieron interceder por mí ante el concesionario, y eso que estaba en juego un vehículo de 4 millones de las antiguas pesetas. Luego lees que a otros por cobros indebidos de 50 euros en facturas de teléfono la OCU va y llama en nombre del socio para arreglarle el problema. Será que hay socios VIP.
Así pues, como resumen, sólo quería expresar en voz alta que quizá no es oro todo lo que reluce y que, en definitiva, estas asociaciones no dejan de tener una clientela objetiva a la cual tienen que mimar para conseguir lo de siempre: dinerito fresco para mantener a todos los trabajadores/directivos.
LOS HECHOS
Volviendo al hilo inicial del post, gracias a estas organizaciones y su rápido crecimiento presencial (además de otros factores) los clientes a veces se adjudican privilegios que no deberían. Hemos pasado a la dictadura del consumidor. A la más mínima objeción, hoja de reclamaciones al canto.
Ya no vale escuchar al vendedor y pensar si quizá éste tiene razón: como soy consumidor, el tendero no tiene más opción que bajarse los pantalones ante mí. Llevo mi tarjeta de socio de la OCU junto a las de crédito para que cuando vaya a pagar, como quien no quiere la cosa, el vendedor la vea y se acojone. Llevo mi pegatina de socio también en el coche, para cuando vaya al taller la observen y ni se les ocurra cobrarme más de lo que toca (estas actitudes son fomentadas desde la misma asociación, con el objetivo de hacerte creer que eres el rey del consumo y que nadie puede contigo).
Da igual que el mp3 me haya caído unas cuantas veces al suelo, si deja de funcionar lo llevo para que me lo cambien porque es mi derecho. Da igual que mi hijo pequeño haya aporreado el portátil cuando le ha dado la gana, si el teclado deja de funcionar lo llevo para que me lo arreglen gratis. Da igual que se haya ido la luz en mi casa y no adquiriera el
ef="http://es.wikipedia.org/wiki/SAI" target="_blank">SAI porque era muy caro, si después de un apagón el Windows no arranca me lo tienen que arreglar por el morro.
No hay nada que me haga más gracia que aquellos clientes que se creen que tienen el derecho a devolver el producto durante 15 días si no les gusta, hay que ver lo que hace el márketing de las grandes superficies. Señores clientes, si hasta el MediaMarkt ha dejado de dar ese privilegio debido a la gran cantidad de abusos que se producían por los típicos caraduras.
No hay más que dar una vuelta por los blogs del gremio para darse cuenta de todo lo que digo, aquí tenéis unos ejemplos:
- Las garantías II, entrada en Una mala tarde la tiene cualquiera.
- Amenazas, entrada en Anécdotas de un técnico.
- Desfachatez extrema 2, entrada en Diario de un vendedor surrealista. Esta en concreto se lleva la palma, gente con tanto morro tendría que tener tatuado en la frente: soy un caradura (por no poner algo peor).
- Modas 2, entrada en Anécdotas de un técnico.
- Pero si sólo has apretado un botón, entrada en Clientophitecus.
- Simplemente tonto del culo, entrada en Cosas que pasan.
Y así podría seguir hasta hartarme, pero creo que con esto ya nos hacemos una idea. Aprovecho la coyuntura para proponer la ADTP: Asociación de Defensa de los Tenderos Pringaos. Eso sí, ya que la idea es mía quiero hacerme presidente, que con la de subvenciones que vamos a conseguir y la cantidad de socios que se apuntarán seguro que me saco un sueldazo considerable.
Fuera bromas, creo firmemente que una asociación de minoristas no vendría nada mal para que conozcamos nuestros derechos y obligaciones y así poder defendernos de los clientes dictadores y de los mayoristas y sus prácticas abusivas.
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